Mi obra es una arqueología de las reglas tácitas que rigen nuestros cuerpos y nuestros deseos. Rastreo el momento en que lo natural y lo familiar se desliza hacia lo tabú, lo reprimido. Entre otros, la «corporeidad» de Louise Bourgeois y el análisis de las normas de Michel Foucault rondan mi estudio.
Mi obra no es ni puramente figurativa ni abstracta; es una forma cáustica de poesía visual conceptual. Para mí, la arcilla no es solo un material, sino un archivo cultural que encierra siglos de utilidad, decoro y símbolos. Desvío deliberadamente formas clásicas y familiares para cuestionar precisamente esta historia; subvierto expresiones del lenguaje o experiencias vividas, al exponer su simbolismo. Mis obras suelen evocar fragmentos de cuerpos para provocar un fértil cortocircuito visceral. La belleza y el asco sirven de señuelos para cuestionar lo que nuestra sociedad glorifica, oscurece o rechaza, y su impacto en nuestro ser.
Mi proceso encarna esta tensión conceptual. Contrasto la precisión y el control geométricos con el colapso y las limitaciones de la arcilla como material. Esta dualidad entre el rigor y el caos refleja mi tema central: las normas sociales son arquitecturas rígidas, pero la experiencia humana sigue siendo fluida, orgánica, a veces caótica. Utilizo la cerámica como un medio capaz de hablar de la naturaleza invisible y visceral de las convenciones con una relevancia que complementa la de las palabras.